Abril 2009
Acrílico sobre tela
Altura 55 cm X Ancho 65 cm
La vi, era como una aparición. Tan bonita en su cuerpecito de niña, pero con un aplomo como si fuera mucho mayor. Me enamoré de ella y vivimos un romance de ensueño. Su madurez, digna de un Procopio me fascinaba. Tenía la sabiduría de quien había vivido mucho, siglos, quizás siempre pero con una frescura de jovencita.
Nuestro amor fue maravilloso, podría decir que con ella descubrí el amor. La idea venía tomando cuerpo, el momento de volver llegaba.
¿Cuánto tiempo estuve con los Procopios? ¿Todo el tiempo? ¿Un instante? Y ahí comprendí, Shakila, un Procopio, energía pura, materia también era el amor puro. Levanté la vista, nos miramos, sus ojos parecieron humedecerse. Me acerqué a ella para tomarla en brazos, encontré mi vehículo en su lugar. En el espejo del retrovisor me vi con la cara de siempre ¿qué había sido del pajarraco viejo en que me vi cuando la encontré?
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